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BUSFOROS
Hacemos un recorrido por Estambul en
un autobús de dos pisos, como esos que transitan en Londres.
Se llama Busforos y atraviesa la
ciudad de un continente a otro a través del Puente del Bósforo, una majestuosa estructura
colgante con torres y cables de acero. Con unos audífonos escuchamos las
explicaciones de los sitios que vamos pasando. La voz del audífono explica lo
referente a las ruinas del acueducto de Valente, construido en el año 368 y que vemos cada vez que hacemos un recorrido en
taxi.
[Acueducto de Valente]
Nos bajamos en algunas paradas para escudriñar
los rincones de la ciudad. Bebemos el reconfortante café turco en pequeñas
tazas en cuyo fondo quedan los posos o borras que yo, particularmente, los
consumo. Dicen que son buenos para la salud. Algunos los usan como abono para
las plantas, y otros practican con esos residuos la cafeomancia para adivinar o
definir la personalidad de alguien.
En un tarantín nos ofrecen un queso
muy parecido al queso de mano venezolano. Nos dan a probarlo y comprobamos que
es exactamente igual. Decidimos comprar ese queso al regreso, para comer con
arepas con la harina pan que nos trajeron Katia y María de Costa Rica y Chile,
respectivamente. Pero regresamos por otro camino y perdemos la oportunidad de
comer queso de mano turco, lo que demuestra , una vez más, que las
oportunidades las pintan calvas. En otras palabras, no hay que dejar las cosas
para después porque todo puede cambiar. Todo ese aforismo viene por la diosa
romana “Ocasión” que era calva en la nuca , y eso significaba que si dejábamos
pasar una coyuntura favorable no podríamos regresarla ni halándola por los
cabellos porque la “Ocasión” es calva.
[La diosa romana Ocasión]
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