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ALFOMBRAS
Domingo,
3 de septiembre.
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Ayer
vi a unas señoras tejiendo alfombras y zapatos. Las alfombras turcas son muy
famosas en todo el mundo, y cuando caminas por las calles de Estambul es
frecuente encontrarse con talleres artesanales con su respectivo tejedor o
tejedora que pacientemente va dándole forma a los hilos de diferentes colores.
Los paisajes, personajes o escenas de la vida turca poco a poco asoman sus contornos
como los cuadros de pinturas. Hay alfombras muy grandes, medianas y pequeñas .
Hay alfombras para las paredes, los pisos o para colocar sobre un escritorio.
El arte de hilar me recuerda a los tejedores
de chinchorros y hamacas de Las Mercedes del Llano. Mi abuela Matilde tenía un
bastidor en la sala de su casa, y allí hacía sus chinchorros llaneros. En el
pueblo había otras tejedurías caseras. Yo me detenía en alguna puerta o
ventanal para observar a un señor con un cigarrillo que tejía en su armazón de
madera. Esto sucedía cuando iba a la escuela de primaria Monseñor Rodríguez
Álvarez”. Mi cerebro infantil llegó a la conclusión de que se tejía mejor
echando humo por boca y la nariz.. El señor de este recuerdo vestía
invariablemte una piyama azul claro, calzaba chancletas, y de tiempo en tiempo
salía a la calle, se sacaba de alguna parte una manguerita de la cual salía un
chorro, mientras seguía echando humo como los barcos de leña que veíamos en las
películas. Estaba orinando a través de una sonda. Esto último lo entiendo
ahora.
En
la noche soñé que yo era profesor de alpargatería. Los estudiantes me enseñaban
sus trabajos, y lo les colocaba las máximas calificaciones. Mis colegas me
preguntaron por qué les ponía a mis alumnos esas notas altísimas , les
contesté: Porque no sé nada de alpargatería.
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