lunes, 23 de octubre de 2023

[18] EXPLORANDO LAS ADYACENCIAS DE LA RESIDENCIA.

 

[18]

EXPLORANDO LAS ADYACENCIAS DE LA RESIDENCIA.

 


Salgo a explorar las adyacencias de nuestra residencia, y por prudencia tomo notas de todos los lugares para orientarme al regreso. Sufro de eso que llaman “cretinismo topográfico”. Una vez me perdí el primer día de estudios de bachillerato en San Juan de los Morros. Sali de lo más tranquilo al liceo Roscio, asistí a las clases y me devolví. Pasé varias veces por mi residencia sin percatarme, hasta que alguien, por casualidad de Las Mercedes del Llano, me gritó: ¿Estás perdido? Y me explico donde estaba mi casa. El perdido no ve lo que busca, simplemente está perdido. Desde ese episodio escribo en una libreta, papel o cartón los sitios por donde paso hasta que de tanto trajinarlos me los aprendo.

 

Lo primero que hago es escribir que sobre la parte superior de la puerta de la residencia hay una inscripción: 84-ABANT 83. El edificio del frente se identifica como “ARMAN AP”. Inmediatamente del lado derecho está la cafetería “goreme muhallebicisi”. Empiezo mi caminata. En la primera cuadra, antes del semáforo , está la panadería  “Resun”, muy concurrida por comensales que desayunan y toman el café turco o el té en vasitos que parecen de juguetes.

Una tienda de celulares, “Gokada store tel” ,está vacía y los empleados están entretenidos con sus propios celulares; pero la panadería “Nazar pastenesi”  está repleta, como también lo está otra llamada “Kafkas”.

Me detengo en un establecimiento que luce su mercancía sobre un estante colocado en la acera. Una tablilla tiene un letrero: Manti-Pelmeni. Parecen raviolis rusos.

Un gato me sigue por un largo trecho. Los gatos son protegidos, y eso es parte de una política gubernamental. Los gobiernos dictan directrices que se hacen costumbre con el tiempo. Gandhi decía que “un país se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

El restaurant “Pasadoner”  está apenas abriendo sus puertas. Cerca hay un aviso que claramente es un cartel para buscar a un gato perdido. La foto muestra al felino negro brillante con un collar amarillo.

Giro a la izquierda. Llegó hasta la “Tuna parfumeri”, cerca de una establecimiento identificado como “Koska, al lado de una ” venta de accesorios (¿de qué?). Me topo con una extensa muralla, pero no es de las antiguas. Se ve muy moderna,

En cada sitio que visito la gente fuma. Aquí no hay avisos de que “este local es libre de humo”. Si los hubiese tendría este lema: “Aquí usted es libre de echar humo”. Es curioso que existan todo tipos de grupos reclamando sus derechos, a veces extravagantes, y no haya o no sé de alguno que luche por los fumadores.

Cruzo la calle con mucho cuidado. Los chóferes manejan a su manera, y no hay esos rayados que en otros países son sagrados para la gente de a pie; sin embargo, una vez vi a un carro detenerse para que un gato siguiera tranquilo su caminata.




[Raki]

Entro una licorería para comprar “Raki”, la bebida alcohólica más popular turca . Pamuk la nombra mucho en sus novelas. Trato de explicarle al vendedor que quiero una botella de Raqui, pero sin anís. No soporto el anís. Compro la que me sugiere, pero igual tiene anís. El empleado me propone unos tabacos, como suponiendo que el servicio de intoxicación debe ser completo. Salgo de la licorería con la botella de Raki y unos tabacos turcos, más baratos que los que compré en el Gran Bazar. Al salir veo una venta de libros ambulantes, pero todos los libros están en turco.

De regreso me siento en el “goreme muhallebicisi” . Me sirven un café turco con una vaso de agua, como lo servían en Sabana Grande en Caracas.

 

 


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