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EN LA PLAZA TAKSIM
1
Natalia, Masha y yo vamos a la Plaza Taksim, el propio
centro cultural y turístico de Estambul. En nuestra caminata vemos algunos
cuadros al que ya nos hemos acostumbrado: los cafetines al aire libre con gente
desayunando, tomando el té en vasos pequeños con cintura de guitarra,
degustando el típico café turco con su respectiva borra, junto a un vaso de agua, los narguiles o pipas de agua,
las múltiples banderas de todos los colores colgadas en todas las calles,
hombres y mujeres con gasas y adhesivos cobre sus cabezas o en sus narices, señales de cirugías estéticas y
trasplantes de cabellos.
2
Nos sentamos en uno de los bancos de la plaza rodeado
de grandes árboles rosados . Un señor empuja una carreta con su mercancía
consistente en café, té y cigarrillos. Le compramos café, luego de lo cual pasa
muchas veces por nuestro lado y nos mira como suponiendo que queremos repetir
la dosis de cafeína. En una esquina un muchacho vende castañas asadas, cuyo
sabor me recuerda los frutos o semillas del camoruco. En mi infancia tomábamos
semillas de un gigantesco árbol, situado en el patio de un vecino y cuyas ramas
enormes se extendían hasta nuestro territorio residencial. Los asábamos y nos
parecía una delicatess que además era gratuita.
3
Nos acercamos al Monumento de la República, elevado en
1928 para celebrar el quinto aniversario de la fundación de la moderna Turquía.
Esto último pude leerlo en la placa metálica que acompaña el conjunto
escultural luego de acercarme varias veces y no poder acceder porque un anciano en silla de ruedas,
conducida por una mujer, leía y releía con una lupa el texto y se tomaba esa
tarea con mucha calma. Alguna relación tendría con la independencia del país
(1923) , pero por razones cronológicas , lo más probable, es que el minusválido
era un historiador o cronista. Eso supuse porque su interés era propio de un
especialista.
4
Nuestro café se armoniza con las intermitencias balsámicas
del agua de la fuente. Cerca, un cuervo camina y grazna. Más allá, un hombre
acostado en el suelo ,con aspecto de vagabundo que me recuerda a Diógenes el
cínico, lee un libro , y sin apartase de su faena se sirve vino en un vaso
metálico de una botella que ya va por la mitad. A cierta distancia divisamos la
Mezquita de Taksim y la iglesia ortodoxa de la Santísima Trinidad.
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