[3]
Del aeropuerto a la ciudad.
En el aeropuerto nos sentamos a esperar. Los vuelos ,
muy largos, de las muchachas, estaban retrasados. Natalia vio en la pantalla
que el avión de María había aterrizado y salió a recibirla. Mientras tanto yo
me quedé con las maletas. María me sorprendió cuando se me acercó. Faltaba
Katia. María salió a buscarla, pero Katia llegó primero. Toda parecía el
jueguito de los escondidos.
Salimos hacia la ciudad en un taxi grande manejado por
un joven turco. En los diferentes portales había leído que Estambul es una
ciudad muy segura, pero que los taxistas se pasan de listos. Conversamos con el
chofer en un inglés colectivo y a un nivel que no pasaba las clases más
elementales del bachillerato y, por supuesto,
no llegaba al Inglés Básico de Agusto Ghio D, un librito que me
recomendó un dominicano con estas palabras:
—Con este manual podrás hablar inglés en cualquier
parte del mundo. Sólo tienes que consultarlo cuando tengas la necesidad de
preguntar algo.
Pero el libro lo dejé en San Juan de los Morros.
El conductor habla hasta por los codos. Me pregunta mi
nombre, y yo a su vez le pregunto el
suyo que nos parece la onomatopeya de la risa; y esto provoca la carcajada de
todos.
La tarde avanza hacia la noche. El carro se desplaza a
gran velocidad al mismo tiempo que la luna estambulita nos acompaña durante todo
el trayecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario