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ICONOCLASTAS
E ICONÓDULOS
[A
la hora de la oración en la Santa Sofía los cuadros con temas cristianos son
cubiertos con una cortinas y de develan para las visitas de turistas]
1
Los
iconoclastas no aceptan las imágenes, mientras que los iconódulos las
consideran objetos religiosos. La Biblia prohíbe adorar imágenes o estatuillas.
Los cristianos se querellaron por este dilema en Bizancio. Con el tiempo
aceptaron las imágenes de santos, sobre todo en los hospitales, porque “ellas
emanaban fuerzas curativas”, decía Plotino. No es raro ver en consultorios,
clínicas y nosocomios figuras de santos de la Iglesia. El islam se adhirió a la
iconoclastia. Esto explica porque en sus
mezquitas no hay imágenes de sus profetas ni de su dios. Por ejemplo, a la hora
de la oración en la Santa Sofía los cuadros con temas cristianos son cubiertos
con una cortinas y de develan para las visitas de turistas.
La
iconoclastia es la causa de que en Estambul no hay estatuas o monumentos
dedicados a personas.
2
Jorge
Luis Borges expone que la iconoclastia islamita frena el desarrollo del arte. En “La busca de Averroes” el
médico y filósofo Averroes trata de entender el significado de los conceptos
“tragedia” y “comedia” de la Poética de Aristóteles para hacer una traducción,
pero fracasa a pesar de que la cotidianidad le presenta oportunidades para
descifrar el problema.
Averroes mira a unos niños que juegan
a los almuédanos, pero no ve que eso es una parodia, una comedia. (Igual no
entenderá cuando hablan del teatro chino). Por eso no precisa la esencia de los
vocablos “tragedia” y “comedia”. Tiene sensaciones que no producen ideas (
Empirismo de Hume). Carece de las categorías provenientes de la práctica social
y cultural (en el sentido kantiano el término), producto del desarrollo de la
filosofía occidental combinada con el cristianismo. Por eso se queda pasmado en
su caverna platónica y percibe sólo sombras.
Ernesto Sábato definió esa peculiar
situación del mundo islámico con una frase lapidaria: “La prohibición
musulmana de representar la divinidad les quitó la posibilidad de una plástica
como la de los católicos” (El escritor y sus fantasmas, 1963).
3
María
y yo caminamos por los alrededores del Topkapi y vemos los tarantines donde
venden dulces, refrescos y suvenires de todo tipo. Me acerco a uno de estos
quiscos porque veo un busto del sultán Mehmet , el conquistador de Constantinopla.
Empieza el regateo reglamentario. Me dice que vale 485 liras. Le pido rebaja y
me propone vendérmelo por 400; entonces me marcho. Inmediatamente me dice que
me lo vende por la mitad del precio.
Pero lo curioso es lo siguiente: estos vendedores ambulantes le dan
prioridad al comercio, relegando a un segundo lugar el precepto islamita que
rechaza las imágenes. Lo más seguro es estas estatuillas son fraguadas en
talleres artesanales.
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